lunes, 18 de julio de 2016

MASAO YAMAMOTO, el fotógrafo de las pequeñas cosas.



Aún quedan algunos días para poder visitar una exposición de altura, una oportunidad única para poder admirar las etereas fotografías de Masao Yamamoto. El japonés inauguró la exposición en abril y desde entonces son muchas las personas que se han acercado a visitar la exposición en el Claustre de Sant Bonaventura en Llucmajor. 
La exposición ha sido organizada por la Fundación Tony Catany, un preludio de lo que esta fundación puede aportar a la isla.
Obsesionado por las pequeñas cosas que le rodean, sus inicios en el arte fueron en el campo de la pintura antes de pasar a la gelatina de plata y entregarse por completo al mundo de la fotografía.


Yamamoto trabaja la fotografía como un objeto individual, capta el momento, revela la imagen y luego la saborea, percibe el objeto a través de la imagen, como un suspiro que nos acerca a una posible conversación o nos retrotae a un pasado compartido, un lugar común, aunque el lugar se encuentre en la otra punta del mundo. 

Panel de la exposición: "Como puedes ver, mis fotografías son pequeñas y parecen viejas. de hecho trabajo para que sea así. Podría esperar 30 años anates de hacer uso, pero eso es imposible. tengo que envejecerlas, y por eso las llevo conmigo cuando salgo a pasear, las rozo con las manos y de esta menera obtengo la expresión deseada. Ha esto le llamo el proceso del olvido o de la producción de la memoria. porqué en las viejas fotografías los recuerdos son completamente manipulados, y aquí es donde se encuentra mi interés, esta es la razón por la que hago mi trabajo.
Una vez que ha revelado la fotografía la pasea, la expone a la intemperie, la arruga en sus manos, acelera el proceso de descomposición y convierte cada pieza en una fotografía única, una imagen de una pequeña cosa que permanece en silencio, ahí se encuentra su belleza.


Yamamoto no busca, encuentra. En sus paseos, cerca del lugar donde vive en medio de la naturaleza, no hay ningún orden y mucho menos una intención, simplemente espera a que sus sentimientos fluyan y se enlacen con algo que le recuerda la belleza del entorno habitual que no deja de ser un reflejo de su propio interior. Yamamoto practica el arte de no hacer nada especial para que justamente eso acabe siendo lo más especial. En realidad se trata de fotografías de viaje, pero viajes hacia dentro, hacia el lugar más recóndito del universo, mucha veces el más desconocido, nosotros mismos.




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