viernes, 20 de junio de 2014

SERAPHINE Louis, la artista de los ángeles

¿Cómo se convierte una pastora de las de rebaño de ovejas, una ama de llaves con una educación cultural básica en artista e incluso llega a exponer en galerías cosechando éxitos? Sin duda la historia de Seraphine nos vuelve a poner delante ciertos conflictos propios de la historia del arte. El artista nace o se hace, se trata de un don innato o se aprende o es una mezcla de ambos. Son todos los que están o los que están lo son porque estaban en el momento y el lugar oportunos. 
Seraphine nació en Arsy un pequeño pueblo en el norte de Francia el 3 de setiembre de 1864. Sus padres eran trabajadores humildes. Con apenas un año murió su madre  y seis años después su padre, Seraphine se marchó a vivir con su hermana mayor y a muy temprana edad empieza a trabajar como pastora. En el año 1881 entra como sirvienta en el convento de las Hermanas de la Providencia, en Senlis, tras una larga estancia en el convento comienza a trabajar de sirvienta en casas particulares. 
Esta estancia conventual le influirá mucho y creará un imaginario religioso que acabará traduciéndose en visiones que la impulsan a pintar.
La artista pintaba siempre de noche encerrada en su habitación, por el día trabajaba pero además no quería que nadie la viera trabajar en su obra, según ella se sumía en una especie de trance y dejaba llevar sus manos impulsadas por visiones y susurros de otro mundo. Su vida era prácticamente monacal, repartía su tiempo entre su trabajo y la pintura. Utilizaba una técnica propia probablemente fruto del hecho que nunca recibió formación, muy apegada a su místico entorno mezclaba la pintura con tierra, cera de velas o incluso su propia sangre, si se había hecho una herida.
Wilhem Uhde
En el año 1912 la casualidad jugó a su favor, Seraphine había empezado a pintar a una edad tardía y sin demasiadas pretensiones, sus cuadros se distribuían entre su entorno más inmediato, vivía y trabajaba en Senlis una pequeña localidad al norte de Francia. En ese año Wilhelm Uhde, coleccionista de arte, llega a la localidad buscando paz y descanso, se aloja en una casa del pueblo y allí descubre un cuadro que le fascina, le pregunta a su casera y ésta le cuenta que lo ha pintado la sirvienta. Wilhelm Uhde quiere conocerla y a partir de ahí queda fascinado con su obra, así como con su persona.
Seraphine cosechará éxitos, Uhde la acogerá bajo su protección y Seraphine será reconocida como una importante pintora naïf. En el año 1929 Uhde organizará una importante exposición donde será muy reconocida "Pintores del Sagrado Corazón", será su último éxito ya que el crack del 1929 que azotó a Europa, no dejará impune el mundo del arte y Wilhelm Uhde perderá gran parte de sus clientes, teniendo que dejar a Seraphine sin ningún tipo de ayuda y sin la posibilidad de vender su arte.
En el año 1932 Seraphine había malvendido gran parte de su obra intentando sobrevivir y su estado mental empeora, vaga por el pueblo llamando a las puertas y anunciando el fin del mundo, finalmente será ingresada en un psiquiátrico, donde permanecerá los últimos años de su vida sumida en una completa inconsciencia del mundo. 
Seraphine Louis, la pintora naïf murió en 1942 sola y loca a causa de las dosis masivas de tranquilizantes, de las privaciones físicas y la falta de alimento a la que se vieron sometidos en muchos de estos lugares durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Fue enterrada en una fosa común. Aunque no todas, algunas de sus obras la sobrevivieron, vibrantes, enérgicas, llenas de color y sin duda un reflejo de su alma naïf.

No hay comentarios:

Publicar un comentario