martes, 4 de marzo de 2014

EGipTO Estético

Hasta el 26 de enero Caixaforum en Palma tuvimos la posibilidad de dar una vuelta por Egipto. Lo curioso es que lo que hoy visitamos como una muestra de arte, no era así para los propios egipcios. En su día todo este arsenal artístico formaba parte de su vida, no era un aspecto separado sólo comprensible para eruditos. Cualquier ciudadano de las tierras del Nilo entendía perfectamente la simbología que encerraban las esculturas, pinturas, sarcófagos y por supuesto los jeroglíficos. “El arte” formaba parte de la vida igual que la pesca o la agricultura, la astronomía o la construcción de pirámides. Los egipcios lo usaban como una herramienta más, preámbulo de la vida ETERNA, nada menos que ETERNA, mientras esta era una vida perecedera, un trayecto de preparación que finalmente llevaría al KA, algo así como el alma cristiana, a otro plano donde todo tendría más sentido y donde todos esos esfuerzos se verían recompensados. Bajo esas premisas se alistaban voluntarios a las filas de valientes visionarios, que con su vida en muchos casos, contribuyeron a la construcción de las pirámides, porque una de las recompensas al esfuerzo era un lugar en el más allá. La primera vez que occidente se acercó a Egipto descubrió un mundo entero que no supo cómo interpretar y que rápidamente, como siempre hace el ser humano ante lo desconocido, asimilo como mágico. Las momias se compraban y se vendían con fines medicinales, se molían, se comían y se usaban, lo único que no se hizo durante una larga temporada con ellas, fue estudiarlas con el respeto que merecía un ser humano, y con un interés científico. Tuvieron que pasar más de 100 años de expolio y destrucción hasta que se reconociera el valor que estos elementos tenían para desarrollar un conocimiento científico-histórico sobre Egipto, para comprender y descartar la magia de lo que simplemente era una concepción diferente de la vida y la muerte y del espacio que ocupamos en la Tierra. 
 

Transporte del llamado "Joven Memnon" (un fragmento de una colosal estatua de Ramsés II)
organizado por Giovanni Belzoni (1778-1823) y destinado al Museo Británico.


Nunca hablaron de arte, si de inmortalidad y por supuesto de ESTÉTICA, todo lo que hoy nos parece arte, para ellos eran herramientas de uso cotidiano familiares, pero estéticas, porque la estética si era importante y elevaba a otro nivel la azada del recolector de papiro. Tras la Ilustración y sobre todo durante el romanticismo el arte se separó en una esfera independiente de la vida, llegó Egipto, Napoleón, y los descubrimientos, Jean-François Champollion, tradujo la piedra Roseta. Empezamos a mirar hacia Egipto de manera científica, justo en ese momento se decidió que toda la estética de una forma de vida era ARTE y debía ser tratado como tal, expuesto al lado de las obras más importantes, en los mejores museos. Todo el mundo quería obeliscos y sarcófagos porque eran una prueba fidedigna de lo verdadero. Nadie habló de estética, nadie hablo de vida, ni de cotidianeidad, ni siquiera de humanidad. Hasta muchos años después no se buscaron a las personas dentro de los sarcófagos, a los seres humanos, a las familias o las mascotas adoradas, pero también queridas. Hasta muchos años después nadie se preguntó que hacían cuando no construían pirámides. Pero una cosa si es cierta, el esfuerzo por la vida ETERNA valió la pena porque la consiguieron hasta los gatos. 


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